Podríamos deciros que venimos a hablar de Chema Soler pero nos estaríamos quedando muy cortos. En realidad, hoy queremos contaros una historia de amor: amor por una tierra, por la cocina y, como en todos los buenos cuentos, también hay un amor romántico que se convierte en gasolina y motor de todo. Pero, no adelantemos acontecimientos, empezaremos por el principio: por el “había una vez”. 

Chema nació en Albaida, un pueblo de unos 6.000 habitantes situado en el interior de Valencia. Allí, ajeno a su verdadera vocación, empezó a trabajar en una empresa textil y en una fábrica de tintes. La crisis le hizo buscar una alternativa laboral y decidió inscribirse en la Escuela de Cocina de Gandía y ahí, ¡chas! Cupido hizo de las suyas y empezó una historia de amor loca, intensa y apasionada por la cocina. 

Cuando acabó el primer mes de clases Chema supo que ya no podría vivir sin cocinar y pasaba los días pensando en combinaciones, texturas, sabores y olores. Su amor fue correspondido y su habilidad en los fogones era más que reseñable, tanto es así, que recibió el premio al Mejor Cocinero Joven de la Comunidad Valenciana. Durante estos años se formó y disfrutó junto a algunos de los más grandes: Vicente Patiño (Saiti, en Valencia), Miguel Ruiz (La Seu, Moraira) o Santiago Prieto (Sents, Ontinyent). 

En 2011 se embarca en su primer proyecto en solitario en Madrid, La “Gastro Croquetería”, un concepto rompedor y callejero en el que Chema juega a sorprender con una variada propuesta de croquetas. Un poco más adelante, en 2017, inaugura “La Gastro Salvaje” también en Madrid. Tacos creativos, desenfadados y repletos de sabor que llevan el sello personal de Chema. Los premios seguían acompañando a nuestro cocinero que fue galardonado con un tercer puesto en la Final del V Concurso de Cocinero del Año en 2014 y fue finalista en 2012 en el Concurso Nacional de Tapas y Pinchos de Valladolid. Pero, ¿no decíamos al principio que esta historia estaba llena de amor? 

Y así fue. Tras muchos años en Madrid y un amor incondicional por la cocina, Chema encontró otro amor, el de pareja. Uno que le llevaría a volver a casa, a su tierra, a sus raíces. Tamara.

 

 ¿Cuál es la receta mágica para que dos personas no quieran separarse? Dicen que es más secreta que la de la Coca Cola pero esta pareja la descubrió, vaya si la descubrió. Desde entonces han sido inseparables. En sus primeras conversaciones hablaban de Valencia, de Gandía, de Albaida, de sabores mediterráneos, de los arroces de la tierra, de los olores de las cocinas de sus abuelas. Así es como Chema decidió volver al lugar que le había visto nacer y apostar por su proyecto más íntimo en Gandía: Street Food by Chema Soler. En este restaurante continuaría con su cocina personal y desenfadada pero se centraría en rescatar, reconvertir y alabar los platos tradicionales valencianos que le habían acompañado durante toda su vida. Cuando uno siente pasión por lo que hace, se nota. Como muestra de esto, en 2019 ha quedado subcampeón en el XV Concurso Nacional de Pinchos y Tapas de Valladolid con una tapa que reinventa la fideuá al más puro estilo Street. Pero eso te lo contamos en el próximo post.

¿Qué os ha parecido? Ya os dijimos que esta historia se asemejaba a un cuento con mucho, mucho amor. Así que no podemos más que despedirnos con un “Y vivieron felices y comieron arroces al cuadrado”.

De martes a domingo

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sábados y domingos también a mediodía

13:30 – 15:30

 

 

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